“¡No hables lisuras, carajo!”, tengo grabada esta frase en la cabeza. La he oído en distintos lugares y a distintas personas. Es como si no se dieran cuenta del oxímoron que forman con su frase. Pero tampoco es algo tan extraño en la vida diaria: la incosecuencia, la diferencia entre lo que decimos y lo que hacemos es parte, al parecer, de nuestro accionar cotidiano. Pero no es una práctica restringida a la esfera privada sino que la hemos llevado a distintos aspectos de la actividad pública.
Desde la memorable frase de Alan García “en política no hay que ser ingenuos”, hemos aprendido que no podemos esperar la verdad de nadie. Y no solo eso, hemos aprendido que la consecuencia es un valor poco probable y poco apreciable. La misma frase de Alan es reveladora: quien espera consecuencia y coherencia es un ingenuo. Y aunque es la prensa quien denuncia estos hechos es muchas veces ella la que cae en inconsecuencias e incoherencias. Podría extenderme mucho en el caso del ‘Petrogate’ y analizar si es ético o no el utilizar los audios (o el no utilizar argumentando que se busca desestabilizar al régimen y que una mano negra los maneja), pero prefiero abordar un tema que siempre me ha llamado: el fútbol.
Hoy por hoy se manejan dos temas en el fútbol que muestran que tan lejos puede llegar la inconsecuencia en nuestro imaginario. El primero tiene que ver con la juerga en el Hotel Los Inkas. Ante esa coyuntura, la dirigencia decidió sancionar a varios jugadores que militaban en el extranjero mientras que el técnico Del Solar resolvió no convocar a otro buen número de jugadores de la liga peruana que él consideraba también habían incurrido en falta aunque no hubiesen sido sancionados por la dirigencia. La prensa celebró el hecho con grandes titulares que condenaban a la ignominia a aquellos ya “traidores”. Aquellos que ya eran culpables de todo. Esos, que no tenían amor por la camiseta, por el Perú. Que venían acá a juerguear y a “cuidar las piernas”. En fin, harta palabrería para ver cómo cada uno era peor que el anterior. Pero eso solo fue mientras ganamos uno que otro amistoso. Ante la inminencia del partido con Argentina y el temor a la posible derrota humillante comenzaron a cuchichear las voces que exigían la vuelta de los juergueros. Cuando Chemo del Solar se negó a esa posibilida comenzaron las críticas. Era increíble. Solo aquí se puede criticar a alguien por ser consecuente con lo que había dicho antes (y que había sido aplaudido). Ahora leemos con tristeza y resignación como Mendoza y Pizarro se cansan de hacer goles y nos preguntamos si debemos convocarlos de nuevo. Pensamos que es válido renunciar a nuestro acertado accionar por una mera cuestión de costos y beneficios. Y es que la inconsecuencia parte desde allí. Desde que cambiamos la lógica de una moral por la lógica del mercado. Ya la selección nacional deja de tener algún sentido de representación nacional para convertirse meramente en una subsidiaria de una gran empresa que dice representar al deporte: la FIFA.
Hablar de la FIFA nos lleva al siguiente tema: la posible desafiliación del Perú. ¿Qué es eso? Es que la FIFA elimine a toda selección y equipo peruano de cualquier competencia oficial. ¿La razón? Una supuesta injerencia gubernamental en la Federación Peruana de Fútbol. Esto es porque las leyes peruanas no reconocen a Manuel Burga como presidente de la FPF pues sobre él pesa una sanción del Consejo Superior de Justicia del IPD. Esto origina que la FPF no sea reconocida por Registros Públicos y no tenga posibilidad de usar ninguna clase de recurso económico. Y tampoco, por tanto, puede organizar el campeonato sudamericano Sub-20. Es una organización inútil. Y el IPD ha decidido no cederle las canchas. Se puede ganar esta larga batalla contra Manuel Burga. Sin embargo, nadie quiere ponerle el cascabel al gato pues la desafiliación cuesta caro. El costo es alto: podría ser una sanción indefinida, perder la clasificación a torneos internacionales y demás. Es una tarea que nadie quiere tomar. La moral está por debajo de los objetivos económicos de nuevo. Ser consecuente, ser digno, apostar por una nueva estructura del fútbol peruano. Todos quieren pero nadie se atreve.
De Manuel Burga Seoane no hay mucho que agregar. Solo algo que nadie sabe: aunque él se queja de la supuesta intervención del Estado, él trabaja en el Consejo Directivo de la Sunass como representante del MEF. Para que vean que el apellido aprista aun pesa.
La inconsecuencia, ese arte de denunciar algo y hacer lo otro. Esa manera de vivir deshonrando los compromisos. Y no solo de eso, sino de apañarlo, esperarlo y alentarlo. Ser consecuente en nuestro país parece ser cada vez más una aventura destemplada. Pero aún estamos a tiempo de intentarlo: no subyuguemos nuestra moral a una lógica de mercado.
martes, 4 de noviembre de 2008
Consecuentemente fútbol
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2 cómplices:
Saludos Renato,
Te felicito por el blog, y aprovecho para invitarte a ti y a tus lectores al Debate 2008-2 de EEGGLL, donde las tres listas presentaran sus propuestas. El evento se realizará en el novisimo Café Cultural de letras el miércoles 5 a las 1:00pm
Aca el afiche:
http://blog.pucp.edu.pe/item/36356
Saludos
Jose Luis Marin
Fiscal Adjunto CF EEGGLL
http://blog.pucp.edu.pe/item/36356
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