lunes 25 de agosto de 2008

El fin y el equivocado espíritu de cuerpo

Uno de los más comunes errores en que solemos caer todos es en olvidar el verdadero fin ("telos" dirían los griegos y es un término más adecuado) de las actividades que realizamos. Lo olvidamos nosotros, los seres humanos y lo olvidan también las personas que forman parte de diferentes instituciones. Muchas veces, al olvidar el verdadero fin podemos ignorar los errores cometidos pues ante la nueva meta, esos errores pueden ser fácilmente ignorados.
En mi corta vida he pertenecido a varios grupos pero solo a dos de forma consistente: el equipo de fútbol de mi cole y el elenco de teatro del mismo. Abandoné el primero de los grupos porque me sentía perdido en él. Constantemente culpado de goles que no eran mi culpa e inencajable por distintas razones. Pero había algo que constantemente me exasperaba: los beneficios de ser deportista en el colegio. En mi colegio, y en muchos otros por lo que oído, el deporte no es un medio para educar mejor al alumno sino un fin en sí mismo. O más bien, es un fin en tanto los triunfos deportivos se pueden traducir en copas, trofeos, medallas, distinciones, menciones en periódicos y radio.

Claro, esto no tendría nada de malo si el deporte fuese parte del desarrollo integral del alumno. Pero esto no era así. Como la mayoría de jugadores buenos eran justamente aquellos con problemas de conducta o de notas, los directivos del colegio se hacían de la vista gorda en muchos casos. El apañamiento era lamentable. Trastocar el fin humanista de la educación por un fin basado en el puro éxito deportivo desluce cualquier ideario educativo del colegio. Lamentablemente así funciona. Si el equipo debía ser imagen del colegio, lo más óptimo no era participar con alumnos que no cumplían en lo académico sino con aquellos que, aparte de rendir en los estudios, podían participar en lo deportivo. En pocas palabras, se practicaba un equivocado espíritu de cuerpo donde un apañador de mayor cargo defendía la permanencia de los jugadores en el equipo pues el fin trastocado ya no apuntaba al desarrollo integral del alumno sino a mantener ese equipo para conseguir reconocimiento.

Excesos de las fuerzas armadas

Dibujo de Filomano Palomino Sincha
Comunidad de Acco Capillata, distrito de Socos
Huamanga, Ayacucho, 1992.
No. Esos no son "excesos", Filomano, son crímenes.

En el Perú esto parece vivirse constantemente. Diversas instituciones parecen olvidar sus finalidades: Congreso, Poder Judicial y, claro está, las Fuerzas Armadas. Lamentablemente, un mal entendido espíritu de cuerpo provoca que muchas faltas y delitos de los miembros de estas instituciones salgan limpios de polvo y paja. En el caso concreto de las Fuerzas Armadas este es mucho más cruel e inhumano. Aproximadamente 400 miembros de las Fuerzas Armadas enfrentan juicios por crímenes denunciados por la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Sin embargo, muchos de estos procesos no pueden avanzar porque el Comando General del Ejército y el Ministerio de Defensa se niegan a proporcionar el apoyo necesario, se niegan a proporcionar la documentación militar de los años 80 en las zonas de conflicto.
¿Por qué? ¿No son acaso el individuo y la sociedad los fines supremos del Estado consagrados en la Constitución? Sí, así que las instituciones del Estado deben colaborar con esos fines. Durante el conflicto el fin del Ejército pasó de ser el de "contribuye a la paz social respetando los DDHH" (no es chiste, lo he sacado de la web del Ministerio de Defensa en la sección Derechos Humanos, Derechos Humanos, sección D) al de "eliminar al enemigo". Y no solo eso, sino que, como dijera el dantesco General "Gaucho" Cisneros "si para matar a dos o tres terroristas hay que matar a veinte campesinos, pues está bien". Este cambio en el fin del Ejército los ha llevado a pensar que cualquier afrenta a su papel durante el conflicto es un golpe a la institución pues el eliminar sin mirar a quién era lo que se debia hacer. No. La institución debe separar a los elementos que la deshonran, no hacerse de la vista gorda para aparentar perfección. En palabras de Silvio Rendón (aunque para otro caso):
El argumento es conocido: "no mancillar el nombre de la institución" ..... tapando la verdad. Así el abuso queda cubierto, tapado, minimizado, impune. Lo que mancilla el nombre de la institución resulta ser la denuncia, no el abuso en sí. La complicidad con el abuso resulta ser lo moralmente correcto. Tonta actitud que, en contra de lo que piensan sus impulsores, verdaderamente debilita a la institución

Las Fuerzas Armadas, sin embargo no proporcionan la información que se necesita. Así lo ha denunciado Salomón Lerner Febres en diferentes entrevistas (aquí y aquí). Se hacen de oídos sordos y alegan que todo aquel que se pronuncia a favor de esto solo busca crear conflictos sociales innecesarios en el país. Pues no es así. Curioso es que tanto el presidente de la CVR como el ministro de Defensa hayan sido compañeros en mi colegio, La Salle. ¿Habrá sido 'Gato Gordo' un deportista apañado? O, dada su contextura física, quizá era un delegado que callaba ante la pregunta del profesor sobre alguna falta.
Las Fuerzas Armadas, para limpiar el nombre de la institución, tienen que facilitar la información sobre los acontecimientos ocurridos durante el conflicto. No se mancilla el nombre de la institución con acusaciones, se hace eso tapando las acusaciones y negando su existencia. Siguiendo a sus pares de Argentina y Chile, las Fuerzas Armadas deberían hacer es pedir disculpas al país no por los "excesos" sino por los crímenes cometidos y aceptar las culpas que conllevan. Solo con el sinceramiento verdadero, solo sabiendo qué pasó, será posible la reconciliación.

Todos los casos denunciados por la CVR y el estado de su proceso judicial, aquí

PS. Gracias a Nuria Allemant por la colaboración en la elaboración del post

4 cómplices:

Nuria dijo...

No estoy segura si el error fue olvidar el fin u olvidar que el fin no justifica los medios. No cuando hay vidas humanas de por medio.
El caso es que (como ya hemos comentado personalmente) mientras haya en la dirección del Comando Conjunto una persona que ha vivido y por qué no, sufrido el conflicto directamente, nada va a cambiar tan facil. No se admitirán culpas puesto que no se considera error alguno. Y ahí quiero llegar. No sé qué tan urgente sea para el Perú una disculpa por parte de las FFAA en comparación con el reconocer el error y dejar de apañar el crimen. Aunque suenen parecidas las premisas realmente no lo son. No se puede pedir perdón de algo que no se considera error, pero algo puede ser considerado un error sin la necesidad inmediata de la disculpa.
Lo principal es lo anterior. Si como institución asumen el error las cosas cambiarán y eventualmente el perdón será más (o totalmente) sincero y además aceptado. El punto débil de esto es el tiempo. Todo esto necesita tiempo. Un cambio generacional, un líder importante... todo este proceso denso y doloroso encuentre quizás luz con el paso del tiempo

P. Llanos dijo...

Los militares son eso: militares. Mira nada mas a Chavez. Para ellos los errores siempre los comete otros. No es que niege la humanidad de ellos, ni que considere que sean inferiores... pero lamentablemente son gente a las cuales se les prepara conciente y hasta cientificamente para matar y obedecer órdenes... o darlas, cuando tienen oportunidad.

Sobre lo de asumir errores y deslindar con algunas practicas... bueno, es cierto. A la gente no le gusta admitir sus errores. Pero es asi pe. La justicia tiene que ver como diablos hacer pa sacarles la huevá.

Finalmente lo único que te puedo decir sobre el espiritu de cuerpo es que creo que éste corresponde más a unos cuantos generales y no a todos los soldados de tropa...

Renato Constantino dijo...

Nuria:
¿Qué tan urgente resultan las disculpas de las FFAA? No podría precisarlo en un sentido objetivo, pero me parece que antes que urgentes son necesarias.
El Estado debe aceptar que incumplió su compromiso social y eso requiere un mea culpa de las FFAA que olvidaron el fin supremo del Estado.
¿Quién podrá ser el líder? No lo sé. Ni un aprista ni un fujimorista, eso es seguro. ¿Quién entonces? Opciones hay: Susana Villarán, Humberto Lay, quizá (bien asesorado y si se prueba que es inocente de Madre Mía) Ollanta Humala. Mientras; sin embargo, no debemos dejar de, desde la sociedad civil, tratar de que la población tome conciencia de sus derechos civiles y como estos no pueden ser violados, menos por quien está obligado a protegeres, el Estado.

Pedro:
El espíritu de cuerpo, como apunta mi post, se puede dar en cualquier parte. Entendido esto, sí, concuerdo en que se debe dar más en los altos mandos pues son los que están más expuestos a juicios por violaciones a los DDHH por lo ocurrido hace 20 ó 15 años.
Aparte, la justicia debe ser un fin del Estado en el que todos, Poder Judicial y Ministerio del Interior incluidos, colaboren. Si no, nuevamente, el Estado no cumple efectivamente su labor.

Gonzalo Gamio dijo...

Muy buen post, Renato. De acuerdo contigo.

Sólo una aclaración periférica. El IF CVR ha acreditado que las declaraciones del "Gaucho Cisneros" eran una crítica a la decisión de darle responsabilidad política y militar a las FFAA. Dijo que si esta medida se cumplía sucedería que se impondría la doctrina según la cual "si para matar a dos o tres terroristas hay que matar a veinte campesinos, pues está bien". No pretendía avalar eso. Se puede verificar con los textos.

Por lo demás, el texto está impecable. felicitaciones.

Saludos,
Gonzalo.